|
Hace un par de semanas, Evelio me escribió para preguntarme si usaba ChatGPT para la redacción de la Bonilista. Lo preguntaba porque creÃa reconocer ciertos patrones de expresión y estructura, y querÃa descartar que se estuviera volviendo paranoico.
Le expliqué que no escribÃa mis textos con inteligencia artificial, pero entendÃa perfectamente que dudara porque la tecnologÃa ha llegado a un punto que obliga a preguntarse: si lo hiciera, ¿serÃais capaces de daros cuenta?
Afortunadamente, a partir de hoy, será un poco más fácil. Porque hoy, domingo 2 de agosto de 2026, empieza a aplicarse el artÃculo 50 del reglamento europeo para regular la inteligencia artificial o AI Act, que obliga a avisar si determinadas imágenes, vÃdeos o textos como este han sido generados o modificados con IA.
El etiquetado puede producirse en dos niveles. Por un lado, los que publiquen ciertos contenidos deben incluir un aviso que cualquier persona pueda ver «de forma clara y distinguible en una primera interacción o exposición». Por otro, los proveedores de IA deben incluir en los contenidos generados una marca técnica, legible por máquinas, que permita identificar su origen artificial.
La Unión Europea ha dado a esos proveedores un periodo de gracia hasta el 2 de diciembre de 2026, para implementar esa marca técnica, pero los que usen sus sistemas para generar contenido deben avisar a los que lo consuman desde hoy.
La reacción a la puesta en marcha del artÃculo 50 ha sido la habitual: «Europa está en contra del progreso», «no hacemos más que poner palos en las ruedas de la innovación» y blablablá… Sin embargo, como ya ocurrió cuando empezó a aplicarse el RGPD, todavÃa no he encontrado a ninguno de sus detractores capaz de concretar de cuál de las protecciones que incorpora estarÃa dispuesto a privar a sus propios hijos.
Porque, para empezar, no todos los contenidos tienen que etiquetarse como «generados con IA», aunque asà sea.
En el caso del contenido audiovisual, la clave es que las imágenes, audio o vÃdeo puedan confundirse con personas, objetos, lugares o sucesos reales. ¿De verdad hay alguien a quien le parezca mal? ¿Por qué?
En el caso de mensajes, mails o llamadas, la clave es que, cuando una IA interactúe contigo —de forma directa y bidireccional—, siempre sepas que tu interlocutor es una máquina. ¿De verdad hay alguien a quien le parezca mal? ¿Por qué?
En el caso del texto puro y duro la clave es que el contenido trate sobre temas de interés público y trascienda el ámbito privado. Es decir, textos que puedan llegar a influir en la opinión pública. ¿De verdad hay alguien a quien le parezca mal? ¿Por qué?
Y, por supuesto, las obligaciones que recaen sobre quien utiliza estos sistemas no se aplican a personas fÃsicas cuando actúan en un ámbito puramente personal y no profesional.
Si utilizas la IA para crear un deepfake de Diego Mariño y lo publicas en tus redes sociales, puedes vulnerar su derecho al honor, a la propia imagen, a la privacidad o cualquier otra norma, pero ninguna contemplada en la AI Act.
Tampoco se aplica cuando el uso de IA se limita a hacer simples correcciones ortográficas o gramaticales ni cuando la inteligencia artificial prepara un primer borrador, pero después lo revisas «sustancialmente», compruebas las fuentes, lo editas y asumes la responsabilidad sobre lo publicado.
El artÃculo 50 deja algunas «zonas grises» como, por ejemplo, esta misma newsletter. Como informa a 17.000 personas sobre asuntos de interés público, no encajarÃa en el ámbito personal, asà que, si algún dÃa me diera por generarla con IA como preguntaba Evelio, deberÃa dejártelo bien claro o arriesgarme a que me denunciaras y me cascaran una multa.
Lo mismo ocurrirÃa si creásemos nuestra propia aplicación para automatizar respuestas a correos y mensajes: haberla construido para nuestro propio uso no nos eximirÃa de identificarla como IA si la utilizásemos profesionalmente para mantener conversaciones sin ninguna supervisión.
Y si algún dÃa transitamos por esas «zonas grises», debemos hacerlo con precaución. Porque los problemas, como casi siempre, no están en el espÃritu de la ley, sino en su aplicación.
Aunque un reglamento europeo es directamente aplicable, la futura ley española que tipifica infracciones, acota sus sanciones y reparte las competencias para aplicarlas entre AESIA, AEPD y otras autoridades aún está en el plazo de enmiendas, que se ha extendido hasta el 2 de septiembre. Asà que vamos tarde y mal, generando una notable inseguridad jurÃdica a empresas y profesionales.
Y una vez que confirmemos a qué sanciones concretas nos enfrentamos, en el caso de que nos impongan una, ¿cómo podremos demostrar que un texto no se ha generado con una inteligencia artificial si algún sistema de reconocimiento de patrones estadÃsticos lo marca asÃ?
Os aseguro que he escrito este texto usando exclusivamente mi cerebro y, sin embargo, con las 135 primeras palabras un detector de IA solo le dio un 55 % de probabilidad de estar escrito por un humano. Con 627 palabras, ese porcentaje subió a un 90 %... pero no al 100 %.
La única manera que se me ocurre de probar la autorÃa es grabar seis o siete horas de pantalla para documentar el proceso de escritura. Afortunadamente, excepto en el caso de Hacienda, corresponde a la Administración probar la infracción, no al sancionado probar su inocencia. El veredicto probabilÃstico de un detector podrÃa ser un indicio, pero, por sà solo, no demuestra nada.
Por eso, que este reglamento consiga o no sus objetivos será cuestión de cómo lidie con los matices. No pedà a una IA que escribiera esta Bonilista, pero sà la he utilizado para investigar, contrastar y corregir mi ortografÃa. Supongo que lo importante no es saber exactamente hasta dónde llega el humano y dónde la máquina, sino quién comprobó, decidió y está dispuesto a responder por lo publicado.
Porque una máquina puede escribir mil palabras o generar un deepfake de Diego Mariño. Lo que todavÃa no puede hacer es decidir la transparencia con la que lo hace.
De eso va el artÃculo que entra hoy en vigor, de transparencia no de tecnologÃa. Y aunque para algunos eso me sitúe en el lado equivocado de la Historia, aunque eso suponga que me cataloguen como un reaccionario que impide el progreso, siempre me alinearé del lado de la transparencia.
|