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Publicar tus propósitos de año nuevo es un doble reto: documentar para ti mismo algo tan personal como las enseñanzas adquiridas el año anterior y lo que quieres lograr en el siguiente, evitando el mero exhibicionismo emocional para tratar de aportar algo de valor a quien lo lea, aunque nuestras circunstancias sean muy diferentes.
Veamos si lo consigo.
Si en 2024 viví un falso año sabático, en 2025 me puse a ejecutar como un butrul el marco vital que había estado diseñando durante 12 meses.
Arrancamos Pétalo y conseguimos cerrar el año no solo con una primera operación de compraventa finalizada, sino con un montón de proyectos en cartera.
También logramos que la CNMV aprobara Seabass, nuestro propio fondo de inversión, y firmamos nuestras primeras inversiones en logística de frío y aviones para alquilar a aerolíneas comerciales.
Organizamos la décima edición de la TRGCON y parece que la gente se lo pasó mejor que nunca.
Y, aunque no estaba en nuestros planes, la pretensión de nuestros caseros de subirnos 500€ el alquiler fue el empujón definitivo que necesitamos Candela y yo para comprarnos nuestra primera casa, después de 15 años casados.
Pero fallé en lo más importante.
Sé que cualquiera de esos logros es suficiente para dar el año por bueno, sin embargo, no puedo evitar sentir que hoy estoy más lejos que hace un año de convertirme en la persona que quiero ser.
- Una presencia positiva como padre, hijo, marido, amigo y compañero.
He cogido aviones solo para asistir al cumpleaños de un amigo, pero todavía tengo mucho margen de mejora. Especialmente, en la crianza de mis hijos.
- Una persona saludable, física e intelectualmente.
Llego a fin de año muy lejos de mi mejor forma y, sobre todo, completamente «seco», mentalmente hablando.
- Alguien que lleva las riendas de su vida y sabe disfrutarla.
Aún no he conseguido tomar las riendas de mi día a día, sino que este sigue arrastrándome.
Supongo que esa es la primera lección que extraigo de 2025, aunque sea digna del Capitán Obvio. Que de nada vale lo mucho o poco que consigas si al mirarte al espejo no te gusta lo que ves.
Por eso, mi principal propósito para 2026 es recuperar el por qué, en vez de centrarme en el qué.
¿Cómo espero hacerlo? Una vez más, tratando de seguir los hábitos que tendría esa persona a la que me quiero parecer y eliminando la urgencia que imprimo a todo lo que hago para centrarme en lo importante.
Para conseguirlo, el año pasado mi plan pasaba no por pausar cosas, sino por hacerlas de forma más pausada. Después de la cura de humildad que ha supuesto 2025, voy a asumir de una vez por todas que es posible que nunca aprenda a modular mi ritmo de trabajo. Por eso, en 2026, mi plan no es cambiar mi forma de trabajar, sino diseñar un sistema que me proteja de mí mismo.
He detallado ese plan en mi post de propósitos para 2026 pero, por poner solo un ejemplo, quiero asignar un timeboxing inflexible al tiempo que no dedique a trabajar, sino a otras actividades, como… no hacer nada en concreto. Lo necesito para poder convertirme en esa persona «saludable, física e intelectualmente» que pretendo ser.
Esa es la segunda lección que he aprendido a lo largo de 2025. Que también necesitamos seguir una buena dieta intelectual. «Para aprender, explora. Para lograr resultados, enfócate» y, para bien o para mal, he estado todo el año enfocado.
Así que, mientras en 2024 conseguí cristalizar mi por qué y en 2025 me centré en ejecutar el qué, en 2026 espero usar el cómo para reconciliar ambos y tratar de llegar a fin de año sintiéndome un poquito más orgulloso de mí mismo.
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