«El increíble caso de la porción elástica de tarta», portada de la Bonilista 770
El increíble caso de la porción elástica de tarta

Si estás suscrito a la Bonilista es muy probable que te haya llegado algún correo extraño de algo llamado «SUPERMONO». Ya lo siento, no sabía que Gmail navega por todos los enlaces incluidos en los mails, así que… quizás fue una mala idea incluir uno que genera un correo de forma automática cuando lo visitas.
 
SUPERMONO es una plataforma que te permite gestionar todos los metadatos de tu suscripción, pero sobre todo es el side project que estoy construyendo con Oscar, Molpe y Yeray desde 2024.
 
El año pasado publicamos un Side Project Canvas con todas las lecciones aprendidas durante el desarrollo del mismo, pero uno de los puntos que dejamos pendientes —hasta ahora— es cómo dividir la propiedad de un side project.

La solución debe basarse en la honestidad sobre las contribuciones que ha hecho cada uno y la generosidad a la hora de valorar las del resto, pero en demasiados casos, no parece ser suficiente.
 
Porque, seamos sinceros, la principal causa de mortalidad de los side projects es la falta de motivación para seguir picando piedra en un proyecto que —hagas lo que hagas— es tan tuyo como de tu primo, aunque después del primer mes no se le volviera a ver el pelo.
 
Existen varias prácticas para ajustar la propiedad de una compañía dependiendo de la contribución y dedicación de los socios a lo largo del tiempo (vestings, triggers, cliffs, pools de acciones), pero son bastante rígidas y no tienen mucho sentido en el caso de un side project que está empezando, aún no se ha constituido como una empresa… y puede que nunca lo haga.
 
El error más común es hacer un «café para todos» o intentar repartir la propiedad antes de saber quién va a aportar qué o cómo valoramos cada contribución. Para evitarlo, lo ideal es crear una fórmula que determine cómo rebalancear la propiedad de un proyecto a lo largo del tiempo, dependiendo de las contribuciones de cada uno de los implicados.
 
Para no tener que definirlo desde cero, un buen punto de inicio es el modelo Slicing Pie porque ya contempla un montón de casuísticas y ajustes.
 
Por ejemplo, ¿cómo valoramos el tiempo de cada uno? Y si alguien aporta dinero o bienes, ¿vale lo mismo que el tiempo? Slicing Pie propone que el dinero de verdad valga el doble que el supuesto coste de oportunidad del tiempo que invirtamos en el proyecto.
 
Y si alguien completa una tarea antes de lo esperado, ¿lo vamos a premiar para que no esté incentivado a invertir más tiempo del necesario?
 
Y si alguien hace una venta, ¿se valorarían las comisiones que se llevaría un comercial en plantilla? Slicing Pie propone un 10 % de «comisión» y, además, considerarla como aportación dineraria.
 
¿Y si alguien encuentra un inversor? ¿Y si se aporta la idea o invención sobre la que se basa el modelo de negocio?

Runroom, patrocinador de la Bonilista 770
 

Si el código ya no es el principal «cuello de botella»...


Si quieres empezar el año dándole un impulso a tu carrera profesional o incluso haciendo un pivot, te recomiendo que le eches un vistazo a este par de cursos de la metodología de Sense & Respond, desarrollada por Jeff Gothelf y Joshua Seiden.
  1. Lean Product OKRs
  2. Lean Product Discovery
En esta época en la que nos ha tocado vivir, cuando parece que el código no será el principal «cuello de botella» para desarrollar un producto digital quizás es el momento más oportuno para formarnos en el descubrimiento y medición del valor que aporten los productos.

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Podemos adoptar o adaptar las propuestas de Slicing Pie, pero —sobre todo— utilizarlas para generar la conversación que necesitamos para encontrar nuestra propia fórmula. La clave es que vaya reajustando de forma automática nuestra porción de la tarta que representa la propiedad del proyecto según se vayan sumando nuevas contribuciones.
 
Poner esa fórmula por escrito y firmarla puede ser nuestro primer «pacto de socios».
 
Si la cosa funciona y llega el momento de ir más allá, hay modelos de rebalanceo de propiedad basados en dedicación que sobreviven a la fase de side project, como el de cooperativa.
 
El problema de las cooperativas es que la estructura limita muchas de las cosas que pueden hacer. Por ejemplo, otorgar diferentes derechos políticos. Cuenta igual el voto de uno de los cooperativistas que la fundó hace 20 años y lleva trabajando allí desde entonces que el del que acaba de entrar.
 
Pero esas limitaciones no tienen por qué impedirles crecer. Nuestra Corporación Mondragón —por ejemplo— ha llegado a los 80.000 socios manteniendo el principio «una persona, un voto», constituyéndose como una federación de cooperativas y evolucionando de un modelo asambleario al representativo. No es un modelo para cualquiera, pero demuestra que la propiedad basada en contribución puede escalar.
 
Antes de que a alguno le empiece a sonar la «alarma bolchevique», también existen modelos híbridos que permiten rebalancear parte de la propiedad según la dedicación y —al mismo tiempo— la simple aportación de capital.
 
Un caso son los planes de stock options basados en pools de acciones tan habituales en startups que ya vimos antes. Otro, más sofisticado y menos conocido, es el uso de SPVs, sociedades anónimas cuya única razón de existir es adquirir y gestionar una participación en otra sociedad.
 
Al ser una SA, sus acciones pueden transmitirse sin tener que pasar por un notario y sus socios suscribir un pacto que les obligue a vender y comprar a un determinado precio, dependiendo de sus contribuciones. No es para todos los casos, pero demuestra que incluso con estructuras mercantiles tradicionales hay margen para la propiedad líquida.
 
No hay modelo malo. Lo único malo es ese silencio incómodo que nos lleva a no hablar de estas cosas por vergüenza o miedo a lo que pensarán de nosotros. Casi ningún side project muere por el modelo de reparto, sino por no haber tenido una conversación a tiempo.
 
Tampoco hay modelo bueno. No existe esa «bala de plata» que funciona en cualquier circunstancia. Lo único que nunca sale mal es conversar sobre cuál es el sistema más justo para repartirnos la tarta antes incluso de ponernos a cocinar.

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