«Engineering Platforms: programando sin frenos», portada de la Bonilista 767
Programando sin frenos

Cada día nos bombardean con ejemplos de cómo la IA puede acelerar nuestro trabajo, incluso en tareas intelectuales y creativas como la programación. Y es verdad, nunca hemos programado tan rápido.
 
Abrimos el editor, empezamos a teclear y, antes de acabar de escribir una sola línea, la IA nos sugiere una función completa.
 
Sin embargo, seguimos perdiendo horas en todo lo que rodea nuestro código.
 
Levantar un entorno.
Pedir acceso a un recurso compartido, como una base de datos.
Esperar a que alguien nos diga cómo se despliega.
Descubrir por qué «en mi máquina funciona».
 
Y es que la IA ha cambiado radicalmente cómo se escribe código, pero no las condiciones en las que se ejecuta. Es ahí donde se ha trasladado el cuello de botella del desarrollo de software.
 
Genera plantillas, te recuerda APIs que ya no necesitas conocer de memoria, te explica el código ajeno y te ayuda a encontrar la solución cuando te atascas. Lo que todavía no hace bien es coordinar el trabajo de equipos enteros alrededor de un único sistema vivo y, desde luego, no es capaz de asegurar la consistencia cuando decenas de personas trabajan en el mismo producto durante años.
 
Y es que, hoy por hoy, la IA es un multiplicador de la productividad individual, no de la colectiva. Hoy por hoy, la IA nos hace programadores más efectivos, pero no crea un mejor entorno donde programar.
 
Y ese «entorno» importa más de lo que la industria quiere admitir. Tanto como para que reciba con cierto escepticismo las declaraciones de que «en seis meses los desarrolladores ya no serán necesarios» que recibimos cada seis meses.
 
Porque, hoy por hoy, el principal freno del desarrollo moderno es la ENORME carga cognitiva que deben soportar los programadores profesionales. Conocimiento que va mucho más allá de escribir código, desde recordar la sintaxis para crear un índice en una base de datos a cómo configurar el balanceador de carga en la nube.
 
Pero ¿cómo llegamos hasta aquí?

Costa, "no-patrocinador" de la Bonilista 767


Diseñar desde la cercanía.


Costa es un estudio de diseño serio y honesto. No han patrocinado la Bonilista, pero se me cayó el sponsor de esta edición y, en vez de ponerme a buscar un sustituto de última hora, me apeteció aprovechar este espacio dar a conocer una de esas empresas que hacen casi todo bien... menos darse a conocer.

Aunque pueden diseñar tu web entera, lo que más me gusta de Costa es el diseño visual y la construcción de marca. Si echas un vistazo a su web, vas a FLIPAR no ya con quién han trabajado sino —sobre todo— cómo trabajan.

Si necesitas servicios de diseño, yo les pegaría un toque. Malo será que no puedan ayudarte si han sido capaces de atender las necesidades de empresas como Estrella Galicia o la mismísima Xunta.


Yo solo espero que no me maten cuando lean este texto 😊
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En la prehistoria —hace unos 15 años— los programadores que trabajábamos en una organización medianamente grande no veíamos una base de datos ni en pintura. Teníamos que escribir un ticket al equipo de soporte o infraestructura que, después de tres días, podían responderte que faltaba un campo o cualquier otra carallada que había que resolver antes de volver a empezar el proceso.
 
Y, por supuesto, no tenías ningún control sobre cuándo entraría en producción tu trabajo. Hasta existía el rol de Release Manager, gatekeepers de manual que se encargaban de planificar «ventanas de lanzamiento» y comprobar si tu código superaba los test necesarios antes de meterlo en la más próxima.
 
Luego llegó DevOps —o el conjunto de prácticas y herramientas para acabar con esa separación entre desarrollo y operaciones— que nos proporcionó autonomía, pero a un coste altísimo. Junto a tu código podías crear y configurar la infraestructura que necesitabas para ejecutarlo, pero a cambio te exigía conocer cómo funcionaba.
 
En la práctica, aunque se suponía que DevOps no era un rol específico sino una forma de trabajar, acabaron surgiendo perfiles especializados e incluso «equipos de DevOps».
 
Ese es el contexto en el que surge el concepto de Engineering Platform. Algunos creen que solo es el penúltimo «palabro» de moda o DevOps con una capa de marketing encima, pero en realidad, la Engineering Platform supone la productización de DevOps. No lo elimina. No lo limita. Lo encapsula y da soluciones probadas —que llamamos golden paths— a problemas recurrentes. Es, en esencia, un producto interno para desarrolladores. Una plataforma de autoservicio que abstrae infraestructura, seguridad y operaciones, y ofrece formas de hacer las cosas bien sin tener que redescubrir el sistema cada vez.
 
Imaginad que quieres un entorno de pruebas con una base de datos y un servicio de mensajería. Entras en tu portal de autoservicio, rellenas tres campos para definir tus necesidades y la plataforma se encarga de toda la «fontanería» por debajo.
 
Los desarrolladores no deciden cómo provisionar una base de datos, ni qué políticas de seguridad aplicar, ni cómo desplegar un servicio. Deciden qué necesitan. Punto.
 
Pero la abstracción no supone restricción. No se trata de limitar lo que pueden hacer los desarrolladores, sino de proporcionarles opciones que, por defecto, funcionan. Si necesitas salirte del camino dorado porque tienes una casuística especial, puedes; pero para el 90 % de tareas, la plataforma lo hace todo por ti.
 
No es «magia», sino la combinación de una capa de abstracción como Kratix, que permita definir qué recursos se ofrecen a los desarrolladores; un motor de aprovisionamiento como Crossplane o Terraform; y la guinda del pastel: un portal donde los desarrolladores pueden ver los distintos servicios, plantillas y documentación, como Backstage. Toneladas de tecnología que funcionan de forma transparente con el único objetivo de que la experiencia de desarrollo sea facile e divertente.
 
En este escenario es donde la IA realmente brilla. Como el entorno es estándar y predecible, el código que genera encaja a la primera. No hay fricción. Solo debemos preocuparnos de que haga lo que se supone que debe hacer.
 
Evidentemente, no es una solución universal. Por supuesto que una startup de tres personas que aún está validando una idea no necesita una Engineering Platform, pero cuando empiezas a tener varios equipos de desarrollo que se enfrentan a problemas similares, a lo mejor deberías planteártelo.
 
Por supuesto que encontrarás a más de un gurú que afirma que las Engineering Platforms no son más que la lápida de un paradigma caduco y que, en el futuro, la IA coordinará y gestionará toda nuestra lógica de negocio. Puede que tengan razón, pero si tienes que vivir y trabajar en el presente, sería tan estúpido ignorar la IA como no dedicar unos minutos a profundizar en el concepto, dejando tus sesgos a un lado.
 
Cuando ya se ha adoptado de forma masiva para multiplicar la productividad individual, la ventaja competitiva hoy está en optimizar el entorno colaborativo donde se utiliza la IA.
 
La IA acelera al programador. El entorno puede eliminar los obstáculos para que pueda desarrollar sin frenos.

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