«La brújula que siempre apunta al centro de poder de la Informática», portada de la Bonilista 779
La brújula que siempre apunta al centro de poder de la Informática

Esta semana se han cumplido 40 años desde la salida a Bolsa de Microsoft, el 13 de marzo de 1986.
 
Desde entonces, su cotización no ha reflejado solamente la evolución de la empresa, sino también cómo se ha ido desplazando el centro de gravedad de todo el sector. Algo especialmente relevante en un momento en el que todo el sector busca desesperadamente alguna pista o indicación sobre cómo se desarrollará software dentro de cinco años.
 
Y, hasta ahora, cada variación importante en el precio de la acción de Microsoft ha coincidido con un avance tecnológico que ha sacudido el statu quo de la Informática.
 
Cuando salió a Bolsa, Microsoft era una empresa relativamente pequeña. Ajustando la inflación, tenía unas ventas de 586 millones de dólares y contaba con 1.153 empleados, pero el inicio de su cotización también señaló el desplazamiento del centro de poder de la industria desde el mainframe a la informática personal, al PC.
 
Y, en el PC, el valor se captura en el software, no en el hardware.
 
Apenas cuatro años después, en 1990, la acción de Microsoft ya valía 10 veces más. Y, en 1995, 60 veces más. Los dos grandes catalizadores fueron el lanzamiento de Office y —sobre todo— de Windows 95, que marcaron la migración desde el terminal hacia el escritorio.
 
No crearon solo un estándar tecnológico, sino cultural. Bill Gates se convirtió en un icono pop. Si querías trabajar en una empresa necesitabas dominar Word, Excel y PowerPoint.
 
Microsoft se convirtió en la empresa tecnológica más poderosa del mundo. En el año 2000 parecía invencible. La acción valía 550 veces más que originalmente. Y, entonces, todo se derrumbó.

Es fácil achacar la caída de la cotización a factores exógenos y puntuales como el estallido de la burbuja puntocom o el juicio por prácticas monopolistas que les hizo perder en un solo día 72.000 millones de dólares en su valoración, pero los problemas de Microsoft eran mucho más profundos.
 
El centro de poder se había desplazado fuera del PC. Primero hacia Internet, luego hacia los teléfonos móviles… y Microsoft no estaba en ninguno de los dos sitios.
 
La empresa seguía siendo enormemente rentable, pero durante más de una década su cotización se quedó prácticamente estancada. La acción tardó más de 16 años en recuperar el valor que alcanzó en el 2000.
 
Uno de los principales vectores de recuperación fue el nombramiento de Satya Nadella como CEO de la compañía y el giro radical que este dio a su estrategia. En una entrevista que concedió ese mismo año, Nadella declaró algo hasta ese momento impensable: «Microsoft loves Linux».
 
Esa simple frase dejaba entrever algo mucho más profundo: que Microsoft dejaba de centrarse en el software para PCs para enfocarse en la infraestructura para empresas digitales. La industria se movía a la nube y, en la nube, Windows ya no era lo importante.
 
En 2014, cuando Satya Nadella asumió su dirección, Microsoft valía 300.000 millones. En 2019, ya rozaba los 1,2 billones. A pesar de algunos vaivenes, hoy —en plena explosión de la inteligencia artificial— la compañía vale más del doble, casi 3 billones de dólares.
 
Microsoft no ha liderado el desarrollo de la IA, pero se ha posicionado muy bien dentro del mismo, utilizando su inmensa capacidad de generar ingresos. En 2019 invirtió 1.000 millones en OpenAI y en 2023, otros 10.000. Puede parecer mucho, pero para Microsoft esa cifra apenas representaba los beneficios de un par de meses.
 
Y la IA no ha hecho más que engordarlos, puesto que para entrenar y desplegar modelos requiere tres cosas: centros de datos gigantes, infraestructura en la nube y acceso a todas las fuentes de información posibles. Microsoft tiene las tres.
 
Microsoft no ha apostado por competir con un LLM propio como caballo ganador en la carrera de la IA sino por asegurarse de que el mismo corra en su infraestructura. Una decisión estratégica marca de la casa.
 
Porque si algo demuestra la evolución de la cotización de Microsoft es que hay dos constantes en la historia de la industria informática.
 
La primera, que no gana quien inventa más cosas sino quien consigue situarse en la capa de servicio donde se captura más valor.
 
La segunda, que —con todos sus errores y polémicas— Microsoft es una de las escasas grandes corporaciones capaces de cambiar su hoja de ruta cuando el centro de gravedad del sector tecnológico cambia, aunque a veces llegue más tarde que pronto y el mercado la castigue por ello.

Por eso su cotización ha sido, durante cuarenta años, una brújula que señala hacia dónde se mueve un sector en el que —hoy más que nunca— nadie sabe el destino, pero sí que morirás si no sigues andando.

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