«Software opinionado», portada de la Bonilista 792
Software opinionado

Son tiempos duros para fundar una compañía tecnológica. El runrún que recorre el sector es que el software tiende a valer cero y el SaaS —o software como servicio— ha muerto.
 
¿Por qué construir nada si cualquiera podría copiarlo de un día para otro?
 
La verdad es que, desde la explosión de la inteligencia artificial generativa, escribir código es cada día más barato, pero sería un error confundir esa actividad concreta con lo que implica desarrollar una aplicación informática: entender un problema, averiguar cómo resolverlo y saber diseñar, desarrollar, mantener y vender una solución que alguien quiera usar una y otra vez.
 
Hace poco Factorial levantó una ronda de 150 millones de dólares que elevaba su valoración hasta los 2.500 millones. No porque su código sea capaz de doblar el espacio-tiempo o sus funcionalidades sean complicadas de clonar, sino porque tiene 16.000 clientes en 90 países con un coste de cambio —o vendor lock-in— relevante. La forma políticamente correcta de señalar el marrón que supone cambiar de proveedor cuando ya tienes media empresa metida dentro.
 
Pero ponte tú ahora, en pleno 2026, a levantar 150 melocotones para crear una aplicación empresarial generalista desde cero.
 
Muchos creen que el camino para competir es hacer «lo mismo, pero con una capa de IA», pero la IA solo es una herramienta, no un fin. Usarla mejor o peor no nos va a diferenciar de nuestra competencia. Lo que hagamos con ella ya es otra cosa.
 
Quizás por eso esa capacidad para generar código todavía no se ha traducido en una explosión de oferta y la mayoría de los nuevos productos que llegan al mercado parecen meros clones de los ya existentes.
 
Así que a lo mejor la solución pasa por hacer esa otra cosa. Por dejar de ser uno más. Por dejar de hacer «café para todos» y construir software opinionado, un anglicismo tan feo como útil que podríamos traducir como «con criterio propio».
 
Software diseñado con una visión muy marcada sobre cómo debería realizarse una tarea concreta.
 
En vez de ofrecer infinitas opciones de personalización y adaptarse a cualquier proceso del cliente, impone ciertas prácticas y convenciones. Apuesta por una determinada forma de trabajar y optimiza toda la experiencia de usuario alrededor de ella.
 
Limitar lo que hace el usuario en un momento en el que la IA nos ha acostumbrado a interfaces conversacionales que se tragan prácticamente cualquier cosa parece contraintuitivo y, sin embargo, puede tener sentido.
 
Sí, el software opinionado limita al usuario, pero eso también le permite tomar menos decisiones. Y tomar menos decisiones reduce la carga cognitiva, elimina dudas y aumenta la eficiencia.
 
Cambia capacidad de elección por foco.
 
Uno de los mejores ejemplos recientes de software opinionado es el delicioso artículo en el que Terry Godier explica cómo diseñó Current, su lector de RSS. No otro lector de RSS, el suyo.
 
Y es el suyo porque Terry hizo exactamente lo contrario de lo que el mercado ofrecía y los usuarios supuestamente demandaban. Diseñó un lector que no te hiciera sentir mal. Que no te hiciera sentir que habías incumplido tus obligaciones por no leer alguna de las publicaciones a las que te suscribiste.
 
Porque la aplicación de Terry no cuenta las publicaciones que no has leído.
 
De hecho, ni siquiera las conserva eternamente como una deuda pendiente. Terry se dio cuenta de que todos los lectores del mercado trataban la información como una lista de tareas que debes completar.
 
Pero él cree que la información tiene una determinada vida útil —más corta cuando se trata de una noticia, más larga para un tutorial o un ensayo— y que la interfaz debía reflejarla.
 
Así que, en Current, la información no se comporta como una lista sino como un río por el que los contenidos fluyen y, eventualmente, desaparecen. Los hayas leído o no.
 
Pero Current es solo un ejemplo de los muchos productos opinionados exitosos que puedes encontrar en el mercado. Linear te ayuda a desarrollar productos de software de una manera concreta. Superhuman convierte tu bandeja de entrada en un terminal con esteroides. Basecamp te permite gestionar equipos de trabajo… de la forma en la que sus desarrolladores creen que debes hacerlo.
 
Por supuesto el software opinionado también se puede copiar, pero aunque nuestra competencia replique el qué (el resultado), tendrá mucho más difícil copiar el cómo (el proceso) o el porqué (la visión), lo que siempre les hará ir un paso por detrás de nosotros.
 
Además, el software opinionado suele estar acompañado, bueno… de opiniones. Opiniones públicas que no solo pueden atraer a los primeros usuarios, sino que suelen fidelizarlos. Porque los clientes del software opinionado no son fieles a una herramienta sino a la visión del mundo que esta representa.
 
En 2006 —hace nada más y nada menos que 20 años— la compañía 37signals publicó Getting Real, uno de los libros sobre producto digital más influyentes de la historia, en el que compartían cómo creían que debía desarrollarse una aplicación de software.
 
Basecamp solo era un reflejo de esa visión y, por eso, muchos de los clientes que la compartían también adoptaron otros productos que lanzaron. Desde el CRM Highrise hasta el cliente de correo Hey, que no tienen nada que ver con la funcionalidad original de Basecamp.
 
Pueden copiar nuestro software, pero es mucho más complicado que copien nuestras convicciones y nuestra pasión por compartirlas y defenderlas.
 
En Getting Real hay un capítulo titulado «Make Opinionated Software» donde 37signals sostiene que la idea de que el software debe ser agnóstico es una tontería. Que nuestras aplicaciones pueden y deben tomar partido. Que los usuarios no buscan simplemente funcionalidades, sino una aproximación para resolver un problema.
 
Veinte años después, esa visión sigue estando más vigente que nunca.
 
Porque cuando la escritura de código se abarata, el valor deja de estar solo en saber construir herramientas. Empieza a estar en saber definir una forma de trabajar que merezca convertirse en una.
 
La IA no acabará con el software comercial, sino con el software sin criterio.

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