|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
| Cumple con la nueva normativa fiscal en un par de clics |
|
|
|
|
El lunes, un apagón general dejó a toda la península sin energía eléctrica durante todo el día.
Algunos lo usaron como la enésima excusa para tirarnos los trastos a la cabeza unos a otros sin hacer nada constructivo. Ojalá este texto contribuya a convertirlo en una oportunidad para comprender un poco más cómo funciona la Sociedad en la que convivimos. Para convertirnos en ciudadanos más informados y, por tanto, más poderosos.
Prólogo
Cada uno vivió la crisis de forma distinta. A mí me pilló con mi socio en una reunión a 180 kilómetros de casa… y gasolina para recorrer apenas 115.
En el último mensaje que recibí de Candela me avisaba de que iba a recoger a los niños al colegio, pero no había conseguido contactar con mi madre para confirmar que estaba bien. A través de una llamada entrecortada, nos enteramos de que la mujer de Diego y sus cuatro hijos pequeños no podían entrar en casa porque la puerta —eléctrica— no se abría.
La incertidumbre era total. En la oficina no había radio y lo último que supimos antes de que las telecomunicaciones colapsaran era que no era un apagón local, ni tampoco regional. España se había apagado, se confirmaba que Portugal estaba igual y había quién aseguraba que otros países estaban afectados. Era imposible que la imaginación no volara al recordar las historias apocalípticas con las que crecimos. Ahora, suena estúpido. En ese momento, no tanto. Jamás habíamos visto algo así. Decidimos volver lo antes posible. Nos trajimos con nosotros a Javier, que había viajado en un tren que no volvería a funcionar con normalidad hasta dos días después.
Cuando conseguí llegar a casa no había nadie. Me fui andando al piso de mi madre, pero el portal estaba cerrado y el telefonillo fuera de combate. Me resigné a volver para estar, al menos, localizable. Hasta las siete de la tarde no conseguí contactar con mi familia y encontrar una copia de la llave de la casa de mi madre.
Afortunadamente, todos estaban bien. Todo quedó en un susto.
|
|
|
¿Qué habría pasado si el apagón se hubiera prolongado?
A Coruña vivió una calma tensa. De la refinería salía una densa humareda. Algunas vías de salida estaban colapsadas.
En las calles había dotaciones de bomberos desplegadas, rescatando a los que habían quedado atrapados en ascensores y edificios. Peatones y vehículos compartían con prudencia un tráfico sin ningún semáforo que lo regulara. La mayoría de los comercios estaban cerrados, aunque los trabajadores permanecían dentro, ante la imposibilidad de activar cierres y alarmas.
Algunos empezamos un peregrinaje por distintas tiendas hasta que logramos hacernos con linternas, transistores o suministros básicos, pero daba la sensación de que la mayoría abrazaron un sano estoicismo, llenando plazas, bares y terrazas que bullían con un extraño ambiente festivo.
En realidad, tuvimos bastante suerte. El apagón se produjo en mitad del día, con tiempo para que muchos pudiéramos reaccionar. Y en una fecha no especialmente significativa, sin mucho calor en el sur ni frío en el norte.
Algunos hasta se atrevieron a romantizar la situación, asegurando que era una oportunidad para reconectar con nuestros vecinos y recordar cómo era la vida antes de Internet, pero ¿qué habría pasado si el apagón se hubiera prolongado en el tiempo?
Todo el mundo daba por hecho que las infraestructuras básicas, como los hospitales, seguirían funcionando y así fue. Otra cosa es que lo hicieran con normalidad. En el CHUAC de Coruña, se funcionaba con luces de emergencia, muchos ordenadores estaban apagados —lo que impedía que los doctores pudieran consultar historiales clínicos— y la sala de tratamientos oncológicos empezó a llenarse de pacientes que dependían de respiradores o máquinas de diálisis.
Existen numerosos estudios sobre cómo afectaría a nuestras infraestructuras un apagón prolongado, aunque la verdad es que nadie puede predecirlo con total certeza. Dos de los más accesibles para quienes no somos expertos en física o ingeniería civil son el informe «¿Cuánto podríamos sobrevivir sin electricidad?» de la empresa sueca Sweco, y la investigación «El impacto de la interrupción del suministro eléctrico en barrios y edificios» de la Universidad de Concordia. Ambos presentan sus hallazgos de forma clara y, además, tienen una destacable consistencia en sus conclusiones.
Una semana.
A partir de ahí, las cosas se empezarían a poner bastante complicadas.
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Nuestra dependencia de la electricidad es TOTAL, e inversamente proporcional a nuestros conocimientos sobre la misma.
|
|
|
|
|
¿Qué aprendimos con el apagón?
La realidad es que nuestra dependencia de la electricidad es TOTAL, e inversamente proporcional a nuestros conocimientos sobre la misma.
La primera vez que fui consciente de lo profundamente ignorante que era sobre nuestro sistema energético fue en un viaje a África.
En lo más profundo de Ghana, se me ocurrió preguntar a mis anfitriones cómo era posible que un pueblo de 10.000 habitantes no tuviera electricidad si disfrutaban de un montón de sol y espacio de sobra para instalar placas solares. Solo la soberbia y la sensación de superioridad podían justificar una pregunta tan obvia, pero me contestaron con infinita paciencia y educación: «lo difícil no es producir energía sino gestionar su suministro constante».
Puede sonar naíf, pero ese fue el primer momento en mi vida en el que me planteé el complejo sistema que hacía que un enchufe funcionara siempre, de día o de noche, hiciera sol o no.
Nunca he tenido problema en reconocer mi ignorancia sobre un tema: es el primer paso para intentar corregirla. De la misma manera, como sociedad deberíamos reconocer que apenas conocemos cómo funciona un sistema vital para nuestra supervivencia. No hace falta irnos a África para comprobarlo, basta con ir a los suburbios de cualquier ciudad española.
Mientras conducíamos de vuelta a Coruña, Diego se preguntaba cómo era posible que su puerta eléctrica no abriera, si había instalado placas solares en su casa. No fue el único ni mucho menos, en muchos chats de amigos vi cómo surgía la misma duda.
Y es que, si de algo valió la crisis del lunes fue para evidenciar que el 99 % de los que tienen placas solares en casa, en caso de apagón, no tendrán energía. Ninguna de las subvenciones que pagamos entre todos para ayudar a nuestros vecinos a sufragar su propia instalación eléctrica exige que se instale el tipo de inversor necesario.
Y es una lástima. Otro estudio de Sweco confirma que, si todas las instalaciones de placas solares dispusieran de un inversor de emergencia, hasta el 8 % de la población podría afrontar los apagones con resiliencia. El coste no llegaría a los 650 euros por instalación.
Y, si hiciéramos que cada casa pudiera proporcionar energía hasta a 3 hogares más en su vecindario, esa resiliencia aumentaría a un increíble 24 %. Chúpate esa, apocalipsis zombi.
Por supuesto aprendimos muchas más cosas, como el concepto de inercia eléctrica o de generación síncrona y asíncrona, pero quizás no la más importante.
Esto no va de «unos» u «otros», sino de priorizar pragmatismo o ideología… y responsabilizarnos de nuestra decisión
Durante estos días hemos escuchado teorías más o menos interesadas —desde ciberataques judeo-masónicos hasta oscuras conspiraciones de los illuminati de los combustibles fósiles— que parecían más dirigidas a culpar a otro que a descubrir lo que pasó realmente.
Aunque las distintas comisiones de investigación tardarán hasta seis meses en determinarlo, siguiendo el principio de la navaja de Ockham y la opinión de la mayoría de expertos independientes de otros países, lo más probable es que la causa sea la más simple: una gestión negligente de nuestra red eléctrica.
Que al componer esa mezcla de distintas fuentes energéticas se nos fue la mano con la aportación solar y eólica para unas infraestructuras que no están diseñadas para eso.
Hasta que poco a poco nos dotemos de las mismas, no hay más remedio que complementar esas energías renovables con energía nuclear, gas ruso —que no genera residuos nucleares, pero financia a Putin, es DIEZ veces más caro y emite 40 veces más CO2— o americano, aún más caro.
También podemos acometer las inversiones necesarias para acelerar el proceso —por ejemplo, construyendo condensadores síncronos—, pero ese dinero saldrá de nuestros bolsillos de una manera o de otra, con otro incremento de impuestos o de la factura de la luz.
Y, por supuesto, podemos no hacer ni una cosa ni la otra. Tirar por la calle del medio y seguir incrementando el consumo de energía solar y eólica antes de asegurarnos de que nuestras infraestructuras están preparadas, aunque eso también incremente exponencialmente el riesgo de que haya más apagones.
Lo que no podemos es eludir la responsabilidad de nuestras decisiones. Ni los políticos que las toman ni los ciudadanos que les respaldamos con nuestros votos. Esa total y absoluta falta de responsabilidad se está haciendo IRRESPIRABLE.
Han muerto ocho personas por incidentes relacionados con el apagón. Ocho. Lo mínimo que les debemos es saber si fue culpa de fatalidad o de la temeridad. Si fue consecuencia de una serie de catastróficas desdichas o de decisiones temerarias.
Si fue culpa de la codicia de algunas empresas o de los que la alientan con incentivos perversos, como gravar con impuestos altísimos la energía nuclear al mismo tiempo que se subvenciona la solar.
Pero, sobre todo, si es un «daño colateral aceptable» o no.
No conozco a NADIE que no esté a favor de una transición energética hacia las energías renovables que reduzca nuestra dependencia energética y cuide el medio ambiente. La clave es cómo y a qué ritmo. Si priorizamos el pragmatismo o la ideología.
Unos y otros nos están hurtando ese debate… y, entre unos y otros, se lo estamos poniendo muy fácil.
|
|
|
|
Si crees que Veri*factu es un password, tienes un problema
La gente de VisualMS, la compañía que quiere durar 100 años, ha organizado un webinar para informar a las empresas sobre los retos que supone la nueva normativa fiscal y cómo adaptarse a la misma.
Es verdad que basaran su solución en Velneo —su plataforma, que permite resolverlo con un copiapega—, pero también aprenderás cómo afrontarlo por tu cuenta y, de rebote, si observas con escepticismo las herramientas low-code con esteroides IA, podrás echar un vistazo a una que a lo mejor te hace cambiar de opinión.
El webinar se celebrará el próximo jueves 8 de mayo, pero te puedes apuntar ya. ¡Nos vemos allí! π
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Difunde esta #bonilista
|
|
|
|
|
Comparte el tweet clicando sobre Γ©l:
|
|
|
|
|
17020 suscriptores
han recibido esta Bonilista.
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Ilustraciones originales de Hugo Tobio,
tarugo y dibujolari profesional de Bilbao.
|
|
|
|
|
Β© 2011 β 2026
Bonillaware SLU,
Todos los derechos reservados.
|
|
|
Paseo de la Castellana 194,
CINK COWORKING β 28046 Madrid (SPAIN)
|
|
|
|
|
|